"Europa necesita a los inmigrantes para garantizar las pensiones de los europeos"

Willy Meyer, quien fuera eurodiputado de IU hasta su dimisión por tener un fondo de pensiones en una sicav, imparte una charla en Jerez sobre el crecimiento de China y atiende a lavozdelsur.es para analizar la actualidad política

Willy Meyer posa tras la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.
Willy Meyer posa tras la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Una amplia trayectoria precede a Willy Meyer (Madrid, 1952), quien ha pasado por diferentes cargos públicos, empezando por la administración local y terminando por la europea, desde que con 18 años se implicó en política. Su activa participación en movimientos antifranquistas hizo que fuera detenido, encarcelado e incluso torturado por Billy el niño durante la dictadura. A la entrevista con lavozdelsur.es, realizada en el hall del hotel Tierras de Jerez, acude con camisa clara y una chaqueta oscura en la que porta un triángulo rojo invertido, que es igual que la marca que llevaban los presos políticos en los campos de concentración alemanes, y que se ha convertido en un símbolo antifascista. A la ciudad llega para impartir una charla llamada China, clave del cambio geopolítico internacional del siglo XXI.

¿Por qué este título?

Porque por primera vez, desde el siglo XV, en 20 o 30 años va a haber un declive económico de todo Occidente y China se va a situar a la cabeza del mundo, será la primera superpotencia en todo. Creo que el ocaso del imperio norteamericano puede ser una oportunidad para ordenar el mundo de otra manera. Las imágenes de menores en jaulas son una indignidad, pero representan la expresión de hasta dónde ha llegado la Humanidad en un momento en el que tenía que vivir en muchas mejores condiciones. Que EEUU deje de ser la primera superpotencia del mundo puede ser una oportunidad para ordenar de nuevo el mundo y acabar con una barbarie que está organizada, que es el actual mundo.

¿Se puede exportar algo del modelo chino a España?

No, no se trata de exportar nada. Los europeos deberíamos empezar a pensar que el diseño de la UE es equivocado, es un invento fundamentalmente norteamericano, porque la geografía es contundente: Europa forma parte de un gran continente que se llama Eurasia, y por lo tanto a EEUU le interesaba mucho, después de la Segunda Guerra Mundial, tener una Europa muy condicionada, pero para los europeos ha sido una verdadera desgracia. La UE no quiere saber nada de las personas, lo único que persigue es una acumulación de capital en muy pocas manos.

La izquierda que yo represento tiene que estar con la gente en el conflicto. Y organizarse en función del conflicto, desde abajo"

¿Cree que por eso el sentido de pertenencia a la UE es tan bajo?

Hubo una época en la que la gente se identificaba con el proyecto de la UE, aquella de la lluvia fina que caía desde Bruselas, cuando se construían carreteras, la cohesión social y territorial parecía que estaba al alcance de la mano y se creaba empleo… hasta que llegó la crisis financiera que puso al desnudo a una UE que no tiene para resolver lo fundamental, que es crear empleo y tener una obra pública potente en toda Europa que cohesione territorial y socialmente. Ahora las encuestas del Eurobarómetro señalan que la distancia entre Bruselas y la gente es inmensa y ese descontento lo están utilizando desgraciadamente fuerzas xenófobas, fascistas, hasta el punto de que tenemos dos Estados, Austria e Italia, con ministros fascistas. Es algo insólito. Si nos dicen hacen 15 o 20 años que los fascistas iban a gobernar parte de Europa no me lo hubiese creído.

Es el fruto de alimentar el discurso de “los nuestros primero”, ¿no cree?

Ese discurso xenófobo, excluyente, no tiene nada que ver con la realidad. En primer lugar porque esta UE necesita de la inmigración, es decir, el índice de natalidad es tan bajo que quien nos puede resolver las pensiones a los europeos es la inmigración. En el Libro Blanco de la inmigración que publicó la Comisión Europea lo dejaba muy claro: Europa necesita a los inmigrantes, entre otras cosas, para garantizar las pensiones de los europeos. Y además aunque no fuera así, en el siglo XVIII, el propio Kant, en Sobre la paz perpetua, establecía que el primer derecho que tiene que tener garantizada la humanidad es el derecho a la hospitalidad. Cualquiera que entienda que hay dos tipos de personas en función de su origen o la creencia religiosa o política se sitúa fuera de la democracia.

Que ese discurso cale en la gente humilde es un triunfo del discurso conservador…

También es producto de la debilidad de la izquierda. Cuando los partidos más votados son de derechas, en toda Europa, es porque el trabajador o la trabajadora no han adquirido su conciencia de clase. Quien ha dado los gobiernos a la derecha en Europa, y en España también, son los trabajadores, no son las grandes multinacionales. No han llegado a la conclusión intelectual de que hay determinados partidos que pretenden que sigan siendo explotados, que sus salarios sean miserables, y que un trabajo no le garantice tener un futuro con dignidad. Son producto de un pensamiento de derechas, conservador, que se machaca desde las empresas de comunicación diariamente, donde el individualismo, el sálvese quien pueda, el hombre es un lobo para el hombre… ese mensaje cala y se llegan a esas conclusiones.

Willy Meyer, antiguo eurodiputado de IU, durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

Lleva años criticando que la sociedad está desmovilizada, ¿cómo la ve en estos momentos?

Estamos en un momento de gran desmovilización de la izquierda. El pensamiento neoliberal ha sido tan agresivo que parte de ese pensamiento nos ha contaminado. Hemos sido unos ingenuos al pensar que nuestra manera de actuar, nuestras ideas, se pueden vehicular solo a través de las empresas de medios de comunicación y de las instituciones, y eso es una ilusión. La izquierda que yo represento tiene que estar con la gente en el conflicto. Y organizarse en función del conflicto, desde abajo. Crear organización social, estar con la gente, crear una nueva cultura política y social, porque el adversario tiene todas las empresas de comunicación, salvo las excepciones de algunos medio digitales, pero los que dependen de grandes bancos están en manos del pensamiento neoliberal. No puedes intentar comunicar a través de ellos, tienes que tener unas organizaciones políticas y sociales muy vinculadas por abajo con una gran capacidad de movilización.

Ahora que la actualidad está tan “animada”, ¿echa de menos la política en activo?

No, creo que cada momento tiene su tiempo. Tengo 66 años, y llevo desde los 18 en primera línea, por lo que mi tiempo ahora es distinto, es hora de ayudar, de colaborar, de hablar, de escribir.

Usted dimitió cuando se conoció que tenía un fondo de pensiones gestionado por una sicav, con la de casos de corrupción que asolan a otros partidos, ¿entiende que nadie deje sus cargos y haya que echarlos en algunos casos?

Cuando tomé esa decisión estaba muy pensada, acababa de terminar una campaña electoral durísima contra las sicav — sociedad de inversión de capital variable—, y cuando me enteré a través de un medio de comunicación que hizo un trabajo formidable que el fondo de pensiones europeo estaba en una sicav en Luxemburgo decidí que no podía representar un discurso que en ese momento quedaba en entredicho. Cuando lo hice público dije una cosa y la vuelvo a repetir, que no quería dar lecciones a nadie, porque la ética es personal, la piel de mi ética es muy fina, pero he podido comprobar desde entonces que la piel de cada uno es más gruesa. Efectivamente, Rajoy debería haber dimitido, no ahora, hace mucho tiempo, pero afortunadamente hay resortes en la democracia que permiten que en estos casos se pueda quitar a un presidente del Gobierno y poner a otro.

Para nosotros el adversario es el capitalismo salvaje y para derrotarlo hace falta una gran unidad de todas las izquierdas"

¿Se alegra más de que entre Pedro Sánchez o de que salga Rajoy de La Moncloa?

Nosotros hemos votado a favor de Pedro Sánchez porque no había más remedio, había que quitar al PP y dar una oportunidad al PSOE, que puede dar una respuesta coyuntural en la regeneración, con ayuda nuestra. Era absolutamente imprescindible desde el punto de vista de la regeneración democrática.

¿Qué le parece el Gobierno de Pedro Sánchez?

Hay de todo. Hay ministros con un claro perfil socialdemócrata y hacia la izquierda y hay otros, como Grande Marlaska, que se sitúan en el pensamiento más conservador. Pero por los hechos los tendremos que juzgar. Por ahora van bien.

Usted fue testigo del nacimiento de Podemos, que en sus primeras elecciones sacó cinco eurodiputados, ¿cree que frenó la proyección de IU? ¿Lo lamentó?

Nunca lamentaré nada que nazca desde la izquierda y para la izquierda. Fue un acontecimiento muy importante, porque además supieron recoger un descontento político y social que se había manifestado en las plazas y en las calles. La política del PCE, salvo raras excepciones, fue y es de máxima unidad en lo político y en lo social. Para nosotros el adversario es el capitalismo salvaje y para derrotarlo hace falta una gran unidad de todas las izquierdas.

¿No es un poco utópico, visto lo visto?

En la historia de la izquierda las grandes transformaciones se han dado siempre sobre la base de una gran unidad política y social. La respuesta frente a este capitalismo salvaje que se está configurando en torno a la figura de Trump, por ejemplo, evidencia que hace falta sumar a todas las personas, ideologías, incluso creencias religiosas que entienden que esta sociedad no puede seguir así.

¿Entonces no lamenta que se diluya la marca de IU?

No, porque no se diluye. Ni la marca ni las personas. Sigo siendo el mismo y no me diluyo, ni tengo intención de diluirme.

Un detalle de la entrevista con Willy Meyer. FOTO: MANU GARCÍA.

Usted que se ha querellado contra Billy el niño por torturarle, ¿qué pensó cuando vio que el PP no quiso quitarle la medalla al mérito policial?

Estaba en la tribuna de invitados y me provocó una gran melancolía, porque esa pregunta que hizo Pablo Iglesias si se hubiese producido en cualquier parlamento europeo que hubiese padecido el fascismo —Alemania, Italia, Francia—, inmediatamente hubiese dicho el ministro de turno que pedía disculpas y que ningún torturador podía tener ningún tipo de reconocimiento. España sigue siendo la excepción europea. Es el único país de Europa que ha padecido una dictadura fascista y que todavía tiene 100.000 desaparecidos en las cunetas y tiene calles rotuladas con asesinos fascistas.

¿Confía en que revierta este reconocimiento el Gobierno de Sánchez?

Estoy convencido de que la asignatura de la verdad, justicia y reparación la tenemos que aprobar los españoles de una vez por todas, porque mientras no se aprueba España será un país en transición hacia la democracia, pero no un Estado democrático. Mientras que los héroes de la lucha por la libertad no sean reconocidos como tal, como pasa en Francia o Italia. El Estado tiene que educar a su gente y explicarle cómo fue aquella lucha por las libertades.

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