La Rotonda

Abascal cruza a caballo Despeñaperros

Desde Madrid, con suspense, Vox avala finalmente el Presupuesto de la Junta de Andalucía de 2019. PP y Cs entregan una comunidad con más de ocho millones de habitantes y 36.500 millones de presupuesto al arbitrio de la extrema derecha

A unos 700 kilómetros de la verja de La Línea, a 530 del Parlamento andaluz en Sevilla, Santiago Abascal y la extrema derecha de Vox han decidido el futuro inmediato y a medio plazo de los ocho millones de andaluces. PP y Ciudadanos, con cara de póquer y digiriendo el sapo verde, pero aliviados porque el espaldarazo les da oxígeno para prolongar la legislatura, se han tenido que tragar que Vox, desde Madrid, haya decidido avalar el Presupuesto de la Junta de Andalucía para 2019, los primeros que sacan adelante formaciones de derechas en 37 años.

La foto de la palmada del presidente Juanma Moreno sobre su consejero de Hacienda, Juan Bravo, es la imagen simbólica de una jornada en la que el PP, lo que Vox llama la “derechita cobarde”, respira aliviado; Cs se traga sus palabras —el acuerdo de Vox era con el PP, decían—, siempre camaleónicas; y la formación de Abascal, que en Andalucía encabeza el juez retirado Francisco Serrano, gana un músculo político insospechado con 12 parlamentarios de los 55 que requiere la mayoría absoluta —PSOE y Adelante han votado en contra—. No habrá mucho problema en vender la tenebrosa jugada ante la opinión pública y la comunidad autonómica se resignará finalmente a ser manejada una vez más como moneda de cambio partidista.

Con casi 36.500 millones de euros de Presupuesto, el Gobierno andaluz queda en manos de Vox, que ha exigido, mediante un documento con 34 puntos ineludibles para retirar la enmienda a la totalidad de las cuentas, medidas sobre lo que llaman la administración paralela de la Junta, la violencia “intrafamiliar” —el eufemismo que utilizan para no hablar de violencia machista—, contra la inmigración irregular, potenciar el proyecto 1492: un nuevo mundo, y dejar la Ley de Memoria Democrática de Andalucía en su mínima expresión presupuestaria. Del montante total, PP y Cs se comprometieron a destinar 20.343 millones a gasto social, un incremento del 5,9% respecto del anterior ejercicio. Veremos. Abascal ya ha cruzado tranquilamente a lomos de su caballo Despeñaperros. El portavoz de Vox en el Parlamento, Alejandro Hernández, ha recordado en su primer intervención en el pleno cuál es el objetivo político de su partido: “Debemos recordar por qué estamos aquí. Sí, queremos suprimir esta institución a medio plazo”. Todo un dislate para una región como banco de pruebas de la ultraderecha y con una población a la cola de todo.

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Un comentario

  1. Lo que ha ocurrido no es nada sorprendente ni dramático, sino lo normal en la dialéctica de partidos políticos en un régimen parlamentario. VOX concurrió a las elecciones autonómicas andaluzas con un programa político que podrá gustar o no, pero que era muy claro y pasaba, entre otras líneas fundamentales, por derogar o modificar las leyes ideológicas del PSOE, eliminar los “chiringuitos” de la Administración paralela copada por amiguetes, carísima, corrupta y con competencias duplicadas, reducir gastos y reducir impuestos, aparte de contar con un programa de máximos a nivel nacional de suprimir las autonomías si algún día pudiera hacerlo. Y con ese programa el pueblo andaluz le otorgó una representación muy significativa de 12 diputados y, lo que es más importante, se convirtió en el grupo político determinante para que pudiera ser investido un gobierno PP-Cs y acabar con 36 años de régimen político socialista corrupto e ineficaz muy lesivo para el progreso económico y social de Andalucía. Pacto de investidura que solo pudo formalizar oficialmente con el PP y tuvo que transigir con el boicot hipócrita de Cs que quería los votos de VOX pero no la foto con ellos para no “contaminarse”; situación que VOX inteligentemente aceptó para no ser acusado por los medios de impedir el cambio de gobierno, consolidarse como partido parlamentario y no perjudicar sus entonces halagüeñas (hoy no tanto) expectativas para los siguientes procesos electorales que se sabían inminentes. Pero en política, como en todo, la realidad más pronto que tarde termina por imponerse; y esa realidad hoy es que VOX es, guste o no, un partido clave, imprescindible, para muchos gobiernos autonómicos y municipales que se pretendan configurar como alternativa al bloque de la izquierda y los secesionistas en España; y, por ello, VOX, una vez pasadas las elecciones, necesitaba dar un puñetazo en la mesa para escenificar que va a hacer valer su fuerza y no va a aceptar cordones sanitarios de quienes quieran sus votos, cosa lógica, y la primera y mejor oportunidad que tenía para dar ese puñetazo era la tramitación de los presupuestos de la Junta de Andalucía (donde PP y Cs tuvieron la imprudente y prepotente falta de tacto de no consultar con su aliado imprescindible las líneas del presupuesto que estaban elaborando, que incumple el pacto de investidura PP-VOX, y se lo entregaron con muy pocos día para que pudieran revisarlo, pretendiendo irresponsablemente llevarles a un trágala), puñetazo que inteligentemente ha dado, como también habría hecho Podemos en una hipotética situación similar con el PSOE; y también es lógico que la última decisión sobre el mantenimiento o la retirada de esa enmienda a la totalidad de los presupuestos la haya tenido Abascal, porque VOX no es un partido descentralizado o federalizado (ni quiere serlo) y porque es una medida estratégica con efectos en las negociaciones de VOX en toda España. Ahora el PP (y Cs) sabe que si no cumple lo pactado con VOX para que este retire su enmienda a la totalidad (cosa difícil porque supongo que se materializará mediante enmiendas parciales consensuadas que se votarán y aprobarán sucesivamente) no podrá aprobar iniciativas en el Parlamento andaluz y no podrá aprobar los presupuestos de 2021, que son los realmente importantes.

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