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A propósito del progresivo: Supertramp (II)

Nos encontramos en 1973 y la banda se encuentra en un duro momento. Sin apoyo financiero, las tensiones entre los compañeros no hacen más que acrecentarse.

En la anterior entrega analizamos los difíciles inicios de esta banda británica encabezada por el productor Stanley August Miesegaes. Unos comienzos tan arduos que varios miembros de la agrupación original se bajaron del carro, al igual que su mítico productor, cansado probablemente de derrochar casi toda su fortuna en Rick Davies y Roger Hodgson y su banda de instituto. De haber aguantado con ellos algunos meses más, no sólo habría realizado su sueño, sino que habría añadido varios dígitos a su inversión inicial.

En fin, nos encontramos en 1973 y la banda se encuentra en un duro momento. Sin apoyo financiero, las tensiones entre los compañeros no hacen más que acrecentarse. No tienen una expectativa real respecto a su propio futuro y las desavenencias entre Hodgson y Davies no ayudan al devenir de la banda. De hecho, se sabe que Hodgson (el chico de Portsmouth reconvertido a Hippie) confiaba resolver la crisis creativa gracias al uso de LSD. Eran momentos muy complicados. Por lo visto, Hodgson le otorgaba un enorme potencial a la sustancia, tanto que insistía en promover su consumo entre todos los miembros del grupo. Como si de una marmita de éxito se tratase, Sin embargo, Davies (principal vocalista) se negaba en rotundo a probar aquel ácido. El propio Hodgson recuerda experimentar mucha ansiedad por el hecho de que su amigo fuera tan estrecho de miras, describiendo esta divergencia en sus experiencias como la raíz de la ruptura entre ellos. Una ruptura que aún tardaría años.

Con las incorporaciones de Bob Siebenberg (batería) y John Helliwell (saxofón e instrumentos de viento), la agrupación comienza a trabajar en el que sería su tercer disco. La última bala para una discográfica A&M que vuelve a confiar en los chicos.  Esta vez las aspiraciones parecen ir más lejos. La banda quiere grabar un álbum conceptual, muy al estilo de otra banda inglesa, Pink Floyd, que había publicado un año antes The Dark Side Of The Moon (1972). El trabajo que llevaría por nombre Crime Of The Century.

Por aquel entonces, las discográficas sumergidas en la ola del amor trataban con cierta delicadeza a sus artistas. Cuidaban de cada elemento ambiental con objeto de conseguir un clima facilitador. A&M decidió mandar a Supertramp a una granja de Somerset, un condado ceremonial de origen histórico ubicado en el Suroeste de Inglaterra. Allí, en un entorno tan idílico como rural, los cuatro componentes comienzan un laborioso trabajo de algo más de diez meses que los lleva a producir una ingente cantidad de material. Más de 40 canciones para uno de los proyectos más ambiciosos que se recuerdan en la historia del rock. Sin embargo, A&M decide clasificar las canciones para darle una mayor perdurabilidad al proyecto. Escogieron ocho y publicaron su tercer trabajo, Crime Of The Century (1974).

El álbum es un éxito total, marcando el comienzo de una larga lista de éxitos alcanzando el puesto cuatro en la lista de discos más vendidos del Reino Unido. Canciones como School o Dreamer tuvieron una enorme notoriedad entre los seguidores del soft-progresivo. Siebenberg consideró el álbum como la “cumbre artística del grupo”.

Tanto era el material del que disponía la banda que se aventuraron en una gira monumental que los llevo por media Europa. Sin la presión del trabajo compositivo, fueron las demandas por la publicación de un nuevo trabajo lo que originó la precipitación del Crisis? What Crisis? (1975). Un trabajo menor, considerado por la banda como uno de sus peores trabajos. Aun así, tuvo buena acogida y supuso el descubrimiento de la banda en nuestro país. De hecho, se sabe que es uno de los discos favoritos del expresidente Zapatero.

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