Opinión

7 días desde el Amanecer Rojo

7 de enero de 2020, 14:30 de la tarde. Pedro Sánchez acaba de ser elegido presidente del gobierno en segunda votación. Automáticamente, una división entera de paracaidistas venezolanos salta sobre Castellón, abriendo fuego contra la población civil tras tomar tierra. El objetivo: cortar la AP7 para aislar Cataluña y facilitar su fraccionamiento después de que esta sea ocupada por tropas de la República Popular de Corea comandadas por Puigdemont. Esta versión española de una película bélica de los años 80 sobre una ficticia 3ª Guerra Mundial fue lo que vivió más de uno cuando vio efectivamente a Pablo Iglesias de vicepresidente del Gobierno.

El escandalo de la derecha española, en especial de la ultraderecha, está servido. De ahí la manifestación de este domingo a las 12 convocada por Vox en la puerta de todos los ayuntamientos de España, bajo el lema España Existe. Hay quien ya escribe sobre enfrentamientos con los CDR o incluso cargas policiales. De todas formas, parece que Santiago Abascal ya ha leído su manifiesto con calma. Al igual que cuando nosotros salimos a la calle después del 2D, cuando pase el tiempo y vean que esta exposición de musculo ha sido más que inútil, díganme ¿qué se siente?

El eco en las redes sociales ha sido cuanto menos diverso. En primer lugar, quien el día 6 tuiteaba vivas al rey, le dejaba al día siguiente por los suelos a él y a “su mujer,  la comunista” por haber firmado el nombramiento de Pedro Sánchez. Estos numeritos de la ultraderecha y la continua carga contra los comunistas” han motivado varios montajes y más de un tuit irónico. Se pueden ver desde carteles retocados de la guerra civil donde ahora aparecen juntos Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, hasta fotos de un señor disfrazado del fantasma del comunismo (al más puro estilo de la introducción del manifiesto comunista). La cara de Pedro Sánchez en un retrato de Stalin, con la consecuente construcción de gulags en los Monegros y el desierto de Taberna. Hay quien escribe que bajó a comprar el pan y le dieron un currusco y una cartilla de racionamiento.

A mi en particular, me parece gracioso como al principio la derecha se enfocaba en criticar el acuerdo con ERC, y ahora todo ese odio ha sido transformado en una carga anticomunista. Pues tengo una buena noticia para PP, Cs y Vox. Ni Podemos ni Izquierda Unida son comunistas. Puede ser cierto que Pablo Iglesias provenga en ultima instancia de las Juventudes Comunistas (UJCE). Y que Alberto Garzón y Yolanda Díaz estén afiliados al PCE. Sin embargo, al igual que ellos se meten con nosotros diciendo que en el PSOE nos sobra la S y la O, su C es un vestigio del pasado, no muy distinto al coxis. Aun así, es parte de su tradición histórica e incluso a mi me daría pena que se perdiera.

Después de que se filtrara la cartera de Garzón y se generara cierto revuelo, le pregunté en clase a un amigo afiliado al PCOE, ¿Garzón te parece comunista? Él sabía que estaba bromeando y que sabía la respuesta, por lo que se limitó a un “no” seco y a reírse. La izquierda alternativa abrazó la socialdemocracia hace ya mucho tiempo. Puede que dentro de la organización sí se mantenga parte del folclore, celebrándose por ejemplo el aniversario del inicio de la revolución de octubre, se lea a Marx y Lenin o se anhele a puerta cerrada la colectivización. Pero en la práctica su forma de hacer política y sus propuestas no son cuanto mucho menos antisistema.

Cuando militaba en la UJCE, en una de las universidades de verano, organizadas por el área ideológica del comité central, se nos advirtió del daño que había hecho al partido Santiago Carrillo y el eurocomunismo. Se argumentaba que la vía democrática nos había deteriorado, y que todavía pecábamos de ello. Esta dualidad ideológica entre teoría y práctica en cierto modo era tabú. Puede que no se quisiera aceptar la incómoda verdad de que el partido se había moderado a lo largo del tiempo, hasta aceptar el capitalismo, pero con ciertas restricciones. Es normal, vivimos en un mundo nuevo sin el muro ni la URSS, con Cuba pendiendo de un hilo y un futuro incierto para Venezuela. Replantearse la ideología básica es más que comprensible.

En resumen, que el Partido Comunista ya no sea comunista es un secreto a voces desde hace mucho tiempo. Lo que, ante los gritos anticomunistas de la ultraderecha, solo cabe esperar la reacción más lógica: el humor y la comedia. Una desacreditación más que justa. Poco sentido tiene poner a Pablo Iglesias al nivel de Pepe Díaz, y mucho menos a Pedro Sánchez al nivel de Largo Caballero. Háganse el favor de aceptar el libre ejercicio de la democracia respecto al gobierno de España, al igual que se respetó el de la Junta. Dentro de tres años nos vemos en las calles y en las urnas.

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Comentarios

  1. Efectivamente, como he dicho reiteradas veces en esta sección de opinión, en España (en toda la UE) todos los partidos con presencia parlamentaria son socialdemócratas (digan lo que digan ellos y sus adversarios), quizá con alguna excepción irrelevante. Todos aceptan y promueven el estado de bienestar, en mayor o menor medida (discrepando en los medios, en la gestión), y la democracia parlamentaria (en puridad no es una democracia, sino que es un régimen partidocrático de libertades individuales, pero sin libertad política colectiva y sin separación de poderes). Ningún partido español parlamentariamente relevante es comunista, como tampoco ninguno es fascista o nazi. Así que todos son partidos sistémicos que no cuestionan ni el modelo político ni el modelo económico, salvo algún folclore teatral como pueda ser el cuestionamiento de la monarquía de cara a la galería. UP no es ninguna excepción a esa regla y se ha integrado perfectamente en el sistema. Tampoco VOX es ninguna excepción en esto. Este gobierno social-comunista no va a poder, aunque quiera (que no quiere), establecer un régimen bolivariano (chavista) en España porque ni los españoles ni la UE ni la OTAN lo permitirían, como se demostró en la Grecia de SYRIZA, aunque sí hay un riesgo cierto de que la economía española se deteriore gravemente por la incapacidad política de este gobierno de asumir e implantar las reformas económicas necesarias, como ya ocurrió con el gobierno de ZP, quien recibió los ultimátums telefónicos de Merkel, de Obama y de Hu Jintao tras haber disparado el déficit público español al 11% del PIB.
    Este gobierno (como todos los que han sido en la “democracia”) lo que quiere por encima de todo es permanecer en el poder haciendo lo que haga falta para ello, quieren “estar” sin un “para qué”, que es lo de menos, porque quieren mantener sus chollazos y sus magnífico tren de vida que jamás podrían tener fuera de la política, donde serían unos muertos de hambre; asi, con tal de estar en el poder son capaces de prometer una cosa hoy y mañana la contraria, de engañar sin despeinarse y de pactar con el diablo, con los delincuentes separatistas y con los filoetarras. Por ello, el verdadero riesgo en España es el de ruptura de la unidad nacional; riesgo favorecido por poderosos intereses político económicos externos e internos nada democráticos; y precisamente aquí es donde reside el peligro de este gobierno social-comunista. Este gobierno, que depende de los apoyos parlamentarios de los separatismos catalán y vasco para su supervivencia, va a realizar concesiones inaceptables a esos proyectos secesionistas a medio plazo, en detrimento de la Constitución y, sobre todo, de la igualdad de los españoles ante la ley y del derecho de todos los españoles a decidir sobre su futuro. No se va a producir la independencia de Cataluña durante estos 4 años (si es que llegan a cumplirse, cosa harto difícil) de legislatura, pero se va a avanzar mucho en el proceso de independencia con anestesia de Cataluña (y del País Vasco), proceso que es como el de la rana que es echada a un cazo con agua que se va calentando lentamente hasta que el animal, sin casi darse cuenta, queda cocido y muerto; en este ejemplo, la rana somos los españoles. Pero que nadie se equivoque ni se trague el cuento de la lechera; si España se rompe no va a ser sustituida por una confederación de Estados ibéricos muy armónicos, muy democráticos y en los que sus ciudadanos van a vivir mucho mejor que ahora, con más libertades y servicios públicos y con más renta per cápita; si triunfan a medio plazo los proyectos separatistas antiespañoles, si España se rompe, quedará reducida a una reedición de las taifas medievales, con unos Estaditos que serán (aún más) pasto de las multinacionales, de la delincuencia internacional, de las superpotencias y de Alemania y Francia e inclusive de Marruecos, serán económicamente colonizados, serán regidos por las corruptísimas castas regionales, el estado de bienestar que conocemos será inviable y habrá una gran pérdida de derechos y libertades, será especialmente catastrófico para Andalucía y Extremadura, y será especialmente dramática la situación geoestratégica de los ceutíes, los melillenses y los canarios, quienes se quedarán solos y sin el apoyo de la OTAN ni de nadie frente a Marruecos. De forma que jugar frívolamente con los proyectos separatistas es jugar con las cosas de comer. Ése es el gran riesgo de este gobierno, que lleve a un nivel superior, mucho más grave, la política suicida de rendición gradual ante los separatistas que han venido teniendo y ejerciendo todos los gobierno de la “democracia”, tanto de la UCD, como del PSOE, como del PP.

  2. Por cierto, en una ocasión anterior, a raíz de un comentario mío a su artículo “Juego de presupuestos” (24/09/2019), en el que usted se oponía a la bajada de impuestos exigida por Cs (y por Vox) en sus pactos de gobierno autonómico con el PP en Andalucía y en Madrid e inclusive abogaba por la subida de los impuestos “adecuados”, usted cuestionó la validez de la curva de Laffer; concretamente dijo que “La curva de Laffer y su teoría nunca llegó a demostrarse. Fue un modelo teórico diseñado para justificar las rebajas impositivas de la administración Reagan. Los resultados del fisco estadounidense de los años 80 reflejan que muy probablemente la teoría de Laffer fuera errónea”. Pues bien, ya ha transcurrido el suficiente tiempo en el mandato del actual gobierno andaluz de derecha como para que se pueda comprobar el efecto Laffer. Tras la bajada de tipos impositivos en el tramo autonómico de IRPF, en el periodo de enero a noviembre de 2019 se ha producido un aumento de la recaudación fiscal por ese impuesto de 391 millones de euros. La bonificación al 99% del impuesto de sucesiones y donaciones (que antes era confiscatorio) produjo un descenso de la recaudación de 47 millones € y la bajada en el impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados ha producido un descenso de la recaudación de 70 millones €. Así, el saldo de los anteriores sumandos más el positivo o negativo de otros impuestos menores ha dejado una mayor recaudación neta de 101 millones € en dicho periodo de tiempo. Parece que el teorema matemático de Rolle (y su corolario el efecto Laffer) no falla, como era esperable, pero ya verá cómo el nuevo gobierno Sánchez-Iglesias nos sube los impuestos y nos mete en otra recesión.

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