Veintidós vomiteras que no hablan de mí

Veintidós vomiteras que no hablan de mí

El periodista Pepe Landi presenta 'Ya vendrán tiempos peores' en la Fundación Caballero Bonald.

24-04-2016 / 08:53 h.
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Escribir, contar y narrar puede llegar a ser una obsesión, un placer o una enfermedad. Pepe Landi es capaz de enviar un correo de varias páginas a sus amigos. Este periodista, cronista de Cádiz, sabe atrapar lo esencial, lo universal de una situación, y lanzarlo al mundo en cualquier formato, ya sea en un artículo, el blog o un libro. Habla desde esa sencillez irónica que aporta la experiencia del oficio, en este caso, el de describir lo que ocurre a tu alrededor. Y lo hace con gracia austera, entrecortada y humilde, porque cuanto más serio es el humor, mejor. El jueves nos presentó, acompañado por Daniel Pérez, Ya vendrán tiempos peores (Cazador de Ratas, 2015). El prólogo es de Manuel Muñoz Fossati, las fotografías de Gloria Valbuena y el diseño gráfico de Paco Mármol. “Es un compendio –dice Manuel en ese prólogo– de pequeñas píldoras que parecerían querer ser remedios voluntarios y rigurosos contra la nostalgia pero acaban siendo delicado filtro por el que sólo pasa lo que merece sobrevivir del pasado de Landi y de Cádiz, ya sea remoto o reciente, ya sea voluntaria o irremediablemente.” El libro contiene 22 piezas independientes en las que se despliega el relato, la memoria y la reflexión de carne y hueso.

Paco Camas, representante del Ayuntamiento, realizó un bosquejo biográfico del autor. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Cádiz. Ha sido corresponsal y redactor en varios periódicos, como El Periódico de la Bahía de Cádiz, Cádiz Información, El Mundo y La Voz de Cádiz. Ha colaborado en tertulias y espacios de opinión en Canal Sur Radio, televisiones locales, Cadena Ser, Onda Cero, COPE, etc. También ha trabajado como corresponsal de medios deportivos. Ha sido galardonado con el Premio Paco Navarro (de carácter colectivo) en 1997 y 2012 por la mejor información de Carnaval y con el Premio Andalucía (de carácter colectivo) de la Junta a la mejor labor informativa en Internet en 2008. Un conjunto de artículos, de la sección dominical El Maestro Liendre del diario La Voz, se publicó en la antología Sin comillas. Ha ganado el Premio Café de Levante de Relatos.


María Céspedes
El teniente de alcaldesa de Dinamización Cultural, Paco Camas, y los periodistas Pepe Landi y Daniel Pérez.

Daniel Pérez, también periodista, estableció un inteligente y divertido diálogo con el autor, una conversación atravesada de complicidad y amistad. Se conocen muy bien. Han sido compañeros de trabajo en el periódico y suelen intercambiar largos correos. Daniel lo considera un maestro. Ya lo leía con admiración cuando estaba estudiando la carrera en Sevilla. Cuenta cómo le impresionó la forma de escribir de Landi. Todavía recuerda algunas piezas magistrales. Pepe redactaba de tal forma que el texto se daba poca importancia a sí mismo, explica Daniel. No se veían las costuras ni un léxico rebuscado o artificial. Landi ha logrado una naturalidad difícil de lograr en un periódico, un estilo que lo convierte no sólo en un buen periodista, sino también en un buen escritor. Además, dice Daniel, Pepe sabe sugerir, enseñar, a los periodistas jóvenes. Sabe transmitir el oficio: escribir sin que se note que hay alguien detrás. Señala, también, la insistencia de Pepe en no utilizar la primera persona en sus escritos. Era una cuestión de pudor, de vergüenza. Sus artículos son textos personales pero que no hablan de él, dice Daniel. A veces asoma lo personal, pero sólo de vez en cuando.

Daniel nos explicó cómo surgió la idea de este libro. Había leído en el blog de Landi un texto sobre el carnaval de Cádiz. Le sugirió escribir un libro en el que apareciesen ese tipo de textos, más personales, sin la careta de periodista, textos que no tienen encaje en el periódico, con otra forma de contar, más literaria. Recuerda Landi que Daniel estuvo 20 minutos convenciéndole dentro de un coche, aparcados en frente de Diputación…

Landi ha disfrutado escribiéndolo. Se ha reído y se ha emocionado delante del ordenador. No le cuesta escribir, le apasiona. Si le piden 1.000 palabras, le salen 4.000… Toda corrección es eliminación. Cuando escribimos es difícil esconder lo que somos, nuestras filias, fobias o debilidades –reconoce–. Cuando hablamos utilizamos muchos recursos para ocultarnos. Como gustó la pieza dedicada al carnaval, se propuso escribir otras 20 vomiteras más, pero sin hablar de él mismo directamente, estampas y anécdotas que brotan de la adolescencia y juventud en Cádiz, del periodismo o de sus blogs. Se trataba de transmitir historias, emociones, con las que se pudieran identificar todos los lectores, pequeñas escenas, recuerdos o reflexiones que sirvieran para cualquier persona.


María Céspedes
El periodista gaditano Pepe Landi, durante la presentación de su libro 'Ya vendrán tiempos peores.

Los textos, dice Daniel, son una especie de tobogán. Cuando parece que el relato es tierno, gira y es ácido o irónico. Cuando parece que se está poniendo melancólico, da otro giro y cambia de registro. El libro muestra todas las facetas de Pepe, tierno, sarcástico, lúcido… Y Pepe reconoce que le da vergüenza todo. Porque es tímido, aunque no lo parezca. El humor puede ser una estrategia de defensa, pero también es un estilo de escritura. Admira a los que saben hacer reír con la mayor seriedad. Cuanto más vergüenza te da un texto, con más gente conecta. En los textos aparecen personas reales, protagonistas de situaciones divertidas o extrañas.

Quizás hay mucho de los 80 en estas piezas... Hemos perdido inocencia y pausa –dice Landi–, la tranquilidad para ver una película entera sin mirar el teléfono, por ejemplo. Ya no nos aburrimos como antes… La vida antes de las redes sociales te permitía disfrutar más cada instante. Pero en aspectos sociales, por ejemplo, hemos avanzado. Hoy no toleramos muchos tipos de violencia o injusticias que vivíamos con naturalidad hace unas décadas. Landi recuerda el día en el que la policía fue a su colegio, tenían doce años, a detener a un compañero que había dejado en coma a un tendero de un martillazo en la cabeza. Además fue una generación en la que los jóvenes tenían todo resuelto. No hubo conciencia de los problemas políticos y sociales. Esa despreocupación nos ha pasado factura ahora.

 
 
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