Sergio Moreno

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Nunca he negado que me guste la Semana Santa. No soy lo que se dice un capillita, pero me rindo ante la belleza de las procesiones.

Es tristísimo que en pleno siglo XXI sigamos etiquetándonos por grupos, como hacíamos con las cosas más elementales en las clases de primaria.

Y es que en el Carnaval se notan, mejor que en ningún sitio, las verdaderas preocupaciones de la gente. Porque las voces del concurso y las ilegales actúan como un infalible termómetro social.

De pronto, todos los orientales eran unos excéntricos amantes de la caca de colores a los que no les importaba gastarse lo que fuera necesario para conseguir la caca de moda.