Sebastián Rubiales

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Un fracaso como Dios manda (no que te pongan una multa de tráfico o que se estropee la lavadora, que no son fracasos sino contrariedades) nos ofrece un sinfín de nuevos aprendizajes.

De la actitud lo-que-tienes-que-hacer y de te-lo-dije está lleno el mundo. Revelan una actitud autosuficiente y complaciente consigo mismo que solo, en ese grado, puede proporcionar la ignorancia, la estupidez, o ambas.

Un libro se presenta de la única manera que puede hacerlo: ofreciendo sus páginas al lector para que éste recree el mundo.

Otra ocasión perdida para encontrar nuevos amigos, nuevos compañeros de fatigas, por mi torpeza para las relaciones sociales. Por mi maldita misantropía.