Rosario Troncoso

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Los gestos de desaprobación y los mantras negativos del tipo “debes estar en casa con los niños SIEMPRE”, o “eso no es trabajo, es disfrute”, se repiten hasta la herida.

Leer. Escribir. Editar. Organizar tinglados. Gestionar páramos y enemigos. Y amar, por encima de todo, aquello que se hace.

Aunque se tenga muy claro que alguien es un mamarracho, no deja de ser una cuestión complicada de abordar.

Un amigo catastrofista y catastrófico decía el otro día que en las redes comenzará la próxima guerra mundial.