Ruta por los entresijos del Guadalete

Ruta por los entresijos del Guadalete

El profesor Agustín García Lázaro nos guía en una ruta por el río en la que analiza parte de su historia.

El acto, organizado por la Coordinadora del Agua, puso el punto y final a la 'Fiesta Andaluza del Agua'.

28-04-2014 / 08:12 h.

El Guadalete encierra mil y una historias a lo largo de sus 157 kilómetros de longitud. En este pequeño recorrido, organizado con motivo de la IX Fiesta Andaluza del Agua que se ha celebrado en Guadalcacín este fin de semana y en la que ha colaborado Ecologistas en Acción y la Coordinadora del Agua, se hace un repaso a algunos de los enclaves del río. Bajo la batuta del profesor Agustín García Lázaro, ex Defensor del Ciudadano de Jerez, miembro de la asociación ecologista y autor, junto a su hermano, del blog En torno a Jerez recorremos parte del Guadalete. La ruta comienza en la vecina localidad de Arcos de la Frontera...

Primera parada: Presa de Arcos

La primera parada de este tour por el Guadalete nos lleva hasta Arcos, concretamente a su presa. Esta infraestructura comienza a funcionar en 1963 y está ligada a la de Bornos, que se encuentra río arriba. Tiene una cota de unos 50 metros sobre el nivel del mar, unos diez metros menos que la de Bornos. Agustín García Lázaro cuenta que "la presa de Arcos es un contraembalse, sirve para acumular agua para llevarla hacia el arranque del canal de Tablellina". La finalidad de esta presa es "abastecer el canal de Tablellina y regar una zona comprendida entre los canales de Majaceite y los que se iban a desarrollar de Bornos, que no se desarrollaron en la zona de la vega de Arcos y La Pedrosa", explica. La presa, que no se vacía nunca, excepto para realizar labores de mantenimiento de las compuertas cada ciertos años, almacena unos 14 hectómetros cúbicos y siempre se mantiene al mismo nivel gracias a la de Bornos. "En la práctica actúa como si fuera un lago", añade García Lázaro. Este embalse de agua se intentó utilizar en los años 60 como reclamo turístico. De hecho, se construyó la urbanización Mesón de la Molinera, se trajo un barco de paletas (el Mississippi) para cruzarlo, se organizaron campeonatos de esquí acuático y hasta se creó un club de piragüismo. Aunque finalmente la zona quedó "como segunda residencia de Arcos". El ecologista cuenta que "el trabajo natural del río hubiera sido comerse esa pared (la Peña Vieja de Arcos), por eso esta ciudad está declarada zona de riesgo geológico".

Seguimos en Arcos: Molino de la Angorilla

En el molino de la Angorilla, restaurado recientemente, "se ha pretendido hacer una escala de peces que en la práctica no está operativa. Aquí todavía los eucaliptos no dominan la escena en la ribera como lo dominarán en el curso medio del río", cuenta García Lázaro. En esta zona, "el cromatismo, la plasticidad y los colores de la alameda son mucho más ricos que cuando el eucalipto ha desplazado a la vegetación natural". Desde esta zona se ve la Peña Vieja de Arcos, donde "era frecuente ver sobrevolando por debajo de la vista a buitres", aunque actualmente se ven menos. Entre una parte de la Peña y la otra (la Vieja y la Nueva) hay un desnivel de entre 15 y 20 metros.

La inutilizada central de Tablellina

Esta central, situada a las afueras de Arcos, fue construida en la década de los 60 y tiene poco más de siete kilómetros de longitud. A pesar de la magnitud de la obra y de la inversión que supuso, nunca llegó a estar en funcionamiento. "Se hizo para poner en regadío este sector que vemos entre el Guadalete y el Salado: la Vega de Arcos, donde se hizo un pueblo de colonización llamado La Pedrosa". "Aquí se ganaba altura para turbinar el caudal sobrante del regadío y se hacía una pequeña central", explica Agustín García. Para poner en valor esta zona se pensó instalar una granja escuela en los 80, aunque finalmente se terminó haciendo en el vivero de Obras Públicas. Actualmente está abandonada y presenta un aspecto desolador. Por donde debía transcurrir agua campa la vegetación a sus anchas e incluso se ve algún que otro conejo despistado. Para subir hasta la torre de esta central hay que subir por unas estrechas escaleras, con barandillas oxidadas y carcomidas. Un ejemplo más de infraestructura pública abandonada.

Acueducto del Tempul (La Barca).
Acueducto del Tempul (La Barca de la Florida).

El acueducto del Tempul, en La Barca

Esta población siempre ha sido un cruce de caminos y en ella estaba lo que era conocido como el vado de La Florida. ¿Qué es un vado? García Lázaro lo describe: "Es una forma tradicional de cruzar un río por una pedrera que en los siglos medievales se adecentaba con ramas de sauces entretejidas, rellenas de guijarros, por donde cruzaban hasta carretas". El de La Florida era uno de los más transitados del término de Jerez, ya que conectaba con la zona Este del término municipal, donde estaban las grandes fincas ganaderas. "Era un paso estratégico". Por esta zona pasa el acueducto del Tempul, también llamado de San Patricio (como reza con letras azules sobre fondo amarillo en la propia instalación). Fue construido en 1864 y debe su nombre a Patricio Garvey, que contribuyó a la construcción de esta infraestructura. Fue el ingeniero de caminos Eduardo Torroja el encargado de construir el acueducto, introduciendo la novedosa técnica del hormigón pretensado, siendo el primero en de todo el país en hacerlo. "Evita los apoyos en el río y salva un alud de 60 metros. En vez de tres apoyos con tramos de 20 metros, se tira a la piscina y quita los dos pilares, los cuelga de unos tirantes que levanta, encofra y hormigona", explica Lázaro. El puente de La Barca, situado junto al acueducto y de un solo arco, fue creado por los astilleros gaditanos en los años 20 del siglo pasado y tan solo una década después se reforzó con dos arcos más por temor a que una subida del río lo derribara. Antes de existir este vado, desde el siglo XVIII aproximadamente, se cruzaba de un lado a otro del río con barcas de maroma (plataformas con barandillas), hecho al que debe su nombre La Barca de la Florida.

Las espectaculares vistas desde el cerro de la Batida

El cerro de la Batida, también llamado de Chipipi o Tajos del infierno, se encuentra entre Rajamancera y Torrecera, y presenta unas espectaculares vistas, ya que se puede contemplar gran parte de la geografía de la provincia. Desde la Sierra de Líjar (Algodonales), la de Grazalema, la de Dos Hermanas (a cuyos pies está el embalse de Guadalcacín), el cerro de la Harina, la Sierra del Aljibe y poblaciones como El Torno, La Barca o Torrecera. El cerro de la Batida está compuesto principalmente por yeso, aunque en sus laderas también se puede encontrar cuarzo. "Este paisaje naturalista figura en la España inexplorada. Buck y Chapman, dos naturalistas ingleses de finales del siglo XIX ya se centran en este paraje. Describen las aguileras, los búhos reales, las nutrias", cuenta el guía. Este paraje, "violentado" por una fábrica de yeso que actualmente está en desuso por un accidente mortal que se produjo en ella, presenta un aspecto desolador por la cantidad de escombros vertida en la zona adyacente al cerro. "Un crimen", para los ecologistas y una pena para el visitante.

El puente de la Cartuja


Puente de La Cartuja.

Por este paraje, según algunas investigaciones, "cruzaba la Vía Augusta que venía de Cádiz buscando Mesas de Asta y después los caminos de Sevilla", explica García Lázaro. Zona de paso entre la campiña y las tierras de Medina, el puente se levanta a mediados del siglo XVI, convirtiéndose así en el primer gran puente de sillería que se construye en el Guadalete. Para realizar estas obras se creó una cantera, la de Marterilla, de donde se extrajo el material para construirlo. Antes de la existencia de este puente había un vado, el de Medina, por el que se cruzaba de una parte del río a la otra. A finales del siglo XVI se construyeron varios molinos, que funcionaron hasta finales del XIX y cuyo último arrendatario fue Miguel Primo de Rivera. Actualmente, el puente de la Cartuja tiene una tubería de varios metros de grosor, procedente de la ermita de La Ina, que se colocó a mediados de los años 60 para abastecer de agua al polígono de El Portal y a la azucarera. Los más veteranos recuerdan que bajo este puente había a mediados del siglo pasado una playa de guijarros, donde era común ver a personas pescando y bañándose los fines de semana. García Lázaro cree que la recuperación de este enclave pasa por la construcción de un parque fluvial y un embarcadero, "aunque creo que pasa eso todavía queda un poco", comenta con sorna.

Última parada: El azud móvil de El Portal

El azud móvil de El Portal, terminado recientemente tras varios años de paralización de la obra, es motivo de queja para los vecinos de la zona. Con su construcción, las familias que vivían de lo que pescaban en el río vieron truncado su medio de subsistencia. Diego Almodóvar recuerda con nostalgia aquellos tiempos: "Pescábamos langostinos, lenguados, camarones, lisas, boquerones... Pero para nosotros al Guadalete de río ya solo le queda el nombre. Es una balsa de agua parada, un río muerto casi todo el año". El azud tiene un "aliviadero" de 60 metros, por donde el río discurre con total libertad, y seis compuertas de tres metros que suben y bajan, de ahí el apellido de móvil. "El influjo de la marea en tiempos medievales llegaba hasta la venta de las Carretas, por lo menos seis kilómetros aguas arriba del puente de la Cartuja. Con el azud de La Corta la marea se quedó en venta Las Angulas y con el de El Portal el azud llega hasta aquí", cuenta García Lázaro, que añade: "Hemos ido perdiendo el influjo de la marea a medida que hemos ido haciendo azudes hacia abajo. Lo que ha sido bueno para Sanlúcar ha sido malo para el resto del río". El Guadalete, que en estos momentos no presenta unos niveles demasiado elevados de suciedad, "siempre estuvo limpio", hasta que en los años 60 la azucarera comenzó a verter al río.

 
 
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