Un hilo libertario en el Carnaval de Jerez

Un hilo libertario en el Carnaval de Jerez

17-02-2017 / 10:39 h.

Ahora que se acercan las Carnestolendas es buen momento para recordar ese subterráneo hilo de la memoria que se torna rebelde, que se resiste a los estereotipos y a lo ya sabido, que hace burlas a la normalidad y al poder. En el caso de Jerez, el Carnaval es doblemente rebelde: rebelde por su esencia díscola, y rebelde por oponerse a los clichés establecidos en los últimos años, que asigna a nuestra ciudad tradiciones construidas interesadamente, reforzadas por el poder político, económico y religioso.

En nuestro Carnaval, además, hay algunas huellas libertarias, ácratas: voy a narrar algunos casos. El verano pasado, el dúo músical El Domador de Medusas hacía pública la memoria de Manuel Parra Rodríguez, con la preciosa canción El herrero. En ella se rinde homenaje a un militante de la CNT jerezana asesinado por el fascismo en 1936, del gremio de los metalúrgicos, descubriendo las imágenes de su vida conservadas en una caja que ha guardado la familia. Elena Jiménez Parra, sobrina–nieta de Manuel, y componente de El Domador de Medusas, nos ha pasado esta simpática imagen del Carnaval de Jerez de 1926 —fechada en 29 de febrero—, inédita y desconocida hasta ahora. Un matrimonio vestido a la usanza de la época lleva un carrito con un bebé–muñeco con unas rudimentarias máscaras artesanales.

En la voz Cosas del Carnaval del blog Jerez Siempre encontramos una referencia en el Carnaval jerezano de 1936 al periódico anarcosindicalista CNT, portavoz de dicha central anarcosindicalista, que por la letra de una murga parece que se leía bastante entre los trabajadores de la ciudad. Dice la letra de una copla de la “Murga Saragozana”:

Decía el CNT

obrero no votar

dejar entrar las derechas

que traen la pringá

(citado por Manuel Ramírez, José I. Gómez Palomeque y José A. Cirera, en el libro Curiosidades Xerezanas, y extractado para el mencionado blog)

Pero hay otra historia desconocida del hilo libertario en el Carnaval de esta tierra, que voy a narrar a partir de lo que me contaron dos de sus protagonistas. Y es la historia que une el Carnaval de Jerez de antes de la Guerra Civil —hasta 1936— con el Carnaval de que se retoma en la llamada Transición. En 1981 se crea la comparsa jerezana Los Arrumbaores, en la barriada La Granja, formada por vecinos de ese distrito de la periferia de Jerez. Trabajadores procedentes de distintos lugares, de los barrios del centro de Jerez, pero también de localidades de la Sierra, se aficionan al Carnaval siguiendo el modelo gaditano, que ha resistido al franquismo gracias a su camuflaje como “fiestas típicas”. Los Arrumbaores se presenta al concurso de agrupaciones del Teatro Falla de Cádiz, y dan el salto a la fama.


Una imagen del Carnaval de Jerez de 1926 cedida por Elena Jiménez, sobrina–nieta de Manuel Parra Rodríguez.

En la foto de dicha comparsa se ve una mayoría de hombres muy jóvenes, y solamente dos de edad madura. Uno de ellos es Antonio Alvarado Márquez. Es un hombre del campo, que vive en una pequeña finca agrícola cercana a La Granja, con un extraordinario sentido del humor y buena memoria. Uno de sus hermanos fue José Alvarado Márquez, empleado municipal y anarquista asesinado en 1936. Antonio Alvarado vivió de muy joven los carnavales de Jerez de la época de la II República, cuando las agrupaciones se denominaban “murgas”, y ahora que soplan vientos de libertad, se suma con pasión a refundar el Carnaval con otros jóvenes trabajadores de esa barriada de las afueras.

Los/as vecinos/as de La Granja que le conocimos le recordamos como un hombre simpático, siempre dispuesto al chascarrillo y al cante, de indudable idiosincrasia popular. Cuando ya fui entrando en mi adolescencia, alguien me dijo que Antonio había sido “republicano”. Pero no exactamente. Antonio fue también anarquista, de la CNT, como su hermano José, el asesinado. Hacia el año 2003, otro anciano libertario que también vivía en La Granja, de nombre Francisco Ramírez Rivera, contacta conmigo, y me pasa un documento desconocido que había conservado su primo segundo —que era precisamente Antonio Alvarado—. Se trataba de las Bases del Trabajo Agrícola de 1936, o sea, el convenio colectivo de ese año, que había conseguido la jornada laboral de seis horas y media en el marco de Jerez, logrado por la lucha de la CNT tras una dura huelga.

Antonio Alvarado tenía también un hermano que fue famoso. Se trataba del cantaor jerezano Domingo Alvarado —fallecido en 2015—, que se fue con su maleta a Nueva York de la mano de Carmen Amaya, huyendo en la década de 1950 de un Jerez de miseria y de represión. Su hija, Trini Alvarado, es una famosa actriz norteamericana, protagonista de películas como Mujercitas. Recuerdo que Domingo venía en los veranos a las verbenas de La Granja, en la década de 1980, en la que actuaban las grandes comparsas y chirigotas de Cádiz en un tablao que se ponía en la Plaza de Ronda. Los vecinos invitaban a Domingo a subirse a las tablas y éste se echaba un fandanguito.

Investigadores como Santiago Moreno han investigado y difundido estupendas historias de este tipo en la capital gaditana, con lo que se denomina Carnaval Represaliado. En Jerez, además de la siempre pendiente tarea de recuperar nuestro Carnaval, está también pendiente la labor de encontrar su asombroso hilo libertario.

 
 
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