"Sin emoción, el poema nace muerto"

"Sin emoción, el poema nace muerto"

La Fundación Caballero Bonald acoge la presentación de '70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces', dirigida por Antonio Enrique y publicada por la editorial El Toro Celeste, junto con la Fundación Unicaja.

18-03-2017 / 16:59 h.
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Juan Ceyles, Antonio Enrique, Mauricio Gil Cano y Josefa Parra nos presentaron el viernes esta “Antología emocional de poetas andaluces”. Juan Ceyles habló en nombre de la editorial El Toro Celeste. Se trata de un proyecto cultural sin ánimo de lucro y muy joven, sólo tiene tres años de vida, pero muy intensos. Juan Ceyles dirige esta editorial junto con Rafael Ballesteros: entre los dos se encargan de todo. El nombre procede del poema Gilgamesh, del 2640 a. C, antecedente del mito del diluvio y que puede ser considerado una exaltación de la amistad más que de la beligerancia, explicó Juan. El toro representa la fertilidad, la frondosidad y la amistad. Además, el título permite construir el acrónimo ETC, que refleja muy bien la amplitud de miras de un proyecto ajeno a las fronteras marcadas por los géneros y los temas. La revista digital ETC ya va por el número 17. Aunque la editorial posee un espíritu digital y aprovecha al máximo las nuevas tecnologías, también muestra una gran debilidad por el libro impreso, remarcó el editor. Han publicado ya más de 30 obras en estos tres años, en cuatro colecciones: narrativa, poesía, ensayo y diversa, donde acogen todo lo inclasificable. También editan cuadernos monográficos para pequeños ensayos, y organizan encuentros con escritores para acercar los creadores a los lectores.

Esta antología ha sido preparada por Antonio Enrique, un escritor que ha publicado más de 20 libros de poesía, más de 400 artículos de crítica, varias novelas y ensayos. Acaba de ganar el Premio Andalucía de la Crítica por su última novela: “Boabdil, el príncipe del día y de la noche”. Pertenece a la Academia de Buenas Letras de Granada. Y es presidente honorífico del Instituto Iberoamericano de Estudios Andalusíes. Así que nadie mejor que Antonio Enrique para acometer la dura tarea de coordinar una antología, señaló el editor.

Antonio Enrique comenzó su intervención recordando el Jerez que conoció hace 30 años. “Era un Jerez atestado de bicicletas. Recuerdo esa vibración, esa agitación tan fuerte que tenía la ciudad”. Y aunque es una ciudad de talante taurino y gitano, para mí es una ciudad levítica, una ciudad de sufrimiento casi telúrico”. Era el Jerez del poeta Miguel Ramos, al que Enrique admira. Era el Jerez de la revista Incipientes. Una ciudad en la que surgió la polémica literaria entre poetas de la diferencia y poetas de la experiencia. Recuerda Antonio que apareció en La Voz del Sur de Jerez un artículo en el que se elogiaba a Francisco Brines y se menospreciaba a Luis Rosales. Antonio Enrique replicó con otro artículo en el que se elogiaba a Rosales. Así prendió la chipa de la posterior polémica. “Pero he percibido que ya no hay en Jerez esa animación poética que entonces hubo…”


Manu García
Un momento de la presentación de '70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces', en la Fundación Caballero Bonald.

En el verano de 2014 Antonio Enrique se reunió con Rafael Ballesteros, quien le propuso realizar una antología. Rafael optaba por una antología consultada, canónica. Sin embargo, Antonio prefería otro modelo, centrado en el poema. “Quien entiende de poesía es quien la hace”. El protagonista es el poeta. Así que le propuso llevar a cabo una idea muy sencilla que tenía desde hace tiempo: pedir a cada poeta que eligiese el poema por el que le gustaría que fuese recordado. “No era necesario que fuera su mejor poema, en el sentido técnico o formal”. El poeta debía escoger un poema y explicar en un breve texto por qué es especial para él  y cómo lo escribió, cómo surgió. Así se lo presentó a 70 poetas vivos de Andalucía. “70 menos uno” porque, mientras se elaboraba la antología, Rafael de Cózar, el primero en enviar su contribución, murió trágicamente en 2015 al intentar salvar sus libros en el incendio de su casa. Ese “menos uno” representa también a todos los poetas ausentes en esta selección.

Los poemas se fundan en la emoción. Todos han elegido un poema que nazca de ese núcleo emocional íntimo, tan difícil de definir. En poesía, la emoción aparece como fondo y como forma, nos aclara Antonio, es decir, por impregnación, “compunción del ánimo” y por instinto estético, “una vibración que se dirige desde el intelecto por recurrencia de proporción y ritmo, unidad de sentido y de sonido”. Pero sea como fondo o como forma, visceral o musical: “Sin emoción, el poema nace muerto”. Ese ha sido el hilo conductor de esta antología. De ahí que la explicación de los autores sea tan importante: nos revelan el contexto emocional del que brotó el poema.

Fueron dos años de trabajo muy intenso para reunir a escritores muy diversos, años en los que hubo una activa correspondencia con todos los autores. Antonio ha intentado respetar esa diversidad de enfoques. Porque el arco cronológico es amplio: desde Pablo García Baena a Raquel Lanseros. Y es obvio que no están todos los que podrían estar. Por eso también pidió a los autores que le indicasen si creían que faltaba algún poeta importante en la selección. En el prólogo aparece esa lista de ausentes, para que quede constancia. Como el espacio es limitado, habrá una segunda parte dentro de unos años, para remediarlo. A Antonio Enrique le apasionan esos escritores “isla”, esos poetas que escriben apartados del barullo mediático y no les interesa ni la fama ni pasar a la posteridad, sólo les preocupa su escritura…

La sesión concluyó con la lectura de varios poemas. Mauricio Gil Cano y Josefa Parra, incluidos en esta antología, leyeron los textos de los poetas jerezanos que aparecen en la obra: Carlos Álvarez, Pilar Paz Pasamar, Manuel Ríos Ruiz y Raquel Lanseros. Antonio Enrique leyó un poema de Rafael Guillén.

DÍAS DE VINO Y ROSAS     

La vida habrá de darme más rosas y más vino.

Habré de ver el mar desde el puerto de Rodas
una noche de agosto calurosa y festiva.

Todavía tendré del amor las guirnaldas
enredadas al cuello, y aún dormiré en los brazos
de un dios irreverente la ebriedad y el exceso.

Aunque tal vez mi cuerpo descubra entonces marcas
del dolor, ademanes que la piel no derrota,
la vida habrá de darme mi parte del asombro.

Josefa Parra, del libro Geografía carnal.

 
 
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