Publicidad
Publicidad

¿Cuánta eternidad dura el azar de un instante?

No sé si a las empresas de coches, de cosméticos o de sujetadores les puede interesar hacernos creer que comprando alguno de sus productos vivimos nuestra vida como si fuera un viaje alucinante.

Hay una creencia asentada desde siempre según la cual los hijos se parecen y deben parecerse a los padres.

Un fracaso como Dios manda (no que te pongan una multa de tráfico o que se estropee la lavadora, que no son fracasos sino contrariedades) nos ofrece un sinfín de nuevos aprendizajes.

De la actitud lo-que-tienes-que-hacer y de te-lo-dije está lleno el mundo. Revelan una actitud autosuficiente y complaciente consigo mismo que solo, en ese grado, puede proporcionar la ignorancia, la estupidez, o ambas.

Un libro se presenta de la única manera que puede hacerlo: ofreciendo sus páginas al lector para que éste recree el mundo.

Otra ocasión perdida para encontrar nuevos amigos, nuevos compañeros de fatigas, por mi torpeza para las relaciones sociales. Por mi maldita misantropía.

Qué pasa —finalmente— por la cabeza de una persona que decide quitarse la vida, es un misterio para todos nosotros.

Es claro que cualquier posición entre hermanos tiene ventajas e incovenientes –supuestos “derechos” y “deberes”- pero es muy frecuente encontrar en nuestras familias este tipo de preeminencias.

Al producirse una separación sentimental —por los motivos que fuere— y se procede al reparto de los bienes materiales e inmateriales (como los amigos y la agenda de teléfonos), cada uno de los miembros de la pareja expresa el fracaso con un sentimiento predominante: la persona que ha tomado

¿Esparcir cenizas? Déjame un lugar para que pueda creer en un tiempo. Pero resucitado. No con estos achaques y canoso. Sino niquelado. 

Yo eliminaría, de la vida cotidiana, el adjetivo “feliz” y lo sustituiría por “alegre”.

Hay una fuerza de la voluntad que, a veces, me impulsa ciegamente a elegir soluciones complicadas aún sabiendo en parte que lo son.

Hemos denominado “duelo” al proceso emocional que se genera en una persona como reacción a una pérdida significativa en su vida.

Nada ni nadie tiene el poder de otorgarnos la felicidad eterna. Por suerte.

Confiar en sus posibilidades. Creer en ellos. No hay otro camino.

Si un paciente quiere se acabará curando…a pesar de su terapeuta.

La vida nos dejará heridos. Inevitablemente. Se trata de mirar al horizonte y no a la herida. Y de no esperar mucho.