Machismo de 0 a 99 años

Machismo de 0 a 99 años

“Que niña más bonita, eres una princesa”, así comienza el cortometraje de Alicia Ródenas, de 17 años, ganadora del concurso que se celebró en su instituto de Albacete y que ahora se ha hecho viral.

21-04-2017 / 08:38 h.
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“Qué niña más bonita, eres una princesa”. Así comienza el cortometraje realizado por Alicia Ródenas, de 17 años, ganadora del concurso que se celebró en su Instituto de Albacete y que se ha hecho viral por su forma de explicar cómo el machismo entra en la vida de una mujer desde sus primeros años de vida.

El texto recoge cien frases machistas reunidas inicialmente por Ro de la Torre y publicadas en Locas del coño, y que, quien más quien menos, todas hemos escuchado alguna vez desde pequeñas. Desde niñas nos dejan claro que debemos ser bonitas, guardar los modales y no preocuparnos: “Si tus amigos te tiran al suelo, es que les gustas”, afirma el corto. Desde que nacemos debemos sentirnos unas afortunadas porque somos una especie de bellas y delicadas margaritas esperando a que un abejorro picotee su polen y lo ponga todo perdido. Pero es porque gustamos. Y nos lo demuestran a lo pressing catch, porque querer es a veces hacer daño. Esa es una idea inculcada en los pasillos del colegio de la infancia y que mantenemos el resto de nuestra vida. “Quien bien te quiere te hará llorar”. No, perdona, quien bien me quiere irá conmigo al cine o a ver un partido de fútbol o nadaremos como delfines, igual que en Heroes de David Bowie, “sólo por una vez”.  

Y si seguimos siendo el sexo débil es por frases como las que recoge Alicia Ródenas en su trabajo: “No seas tan bruta jugando, pareces un niño”. ¿Desde cuándo ser Hulk o Flash se asignó a los niños? ¿Fue en las cuevas cuando, mientras los valientes chicos cazaban bisontes en taparrabos, nosotras, delicadas, pintábamos las paredes con restos de nuestra placenta?

No se nos permite que nuestro sexo sea fuerte: los cuentos tradicionales nos han hecho creer que debemos estar toda la vida siendo pacientes tejiendo, tocando el arpa o contemplando rosales, no vaya a ser que nos caigamos al suelo y nos rompamos. Pero la realidad es otra. Las niñas pretenden jugar igual que los niños si no están corrompidas por una cultura machista que todo lo contamina. Las niñas no saben que tienen la etiqueta “rol niña” hasta que alguien se la impone. A eso se refiere la famosa frase de Simone de Beauvoir: “No se nace mujer, se llega a serlo”.

“Estás siempre rodeada de chicos, calientapollas” o todo lo contrario: “¿Todavía eres virgen?”. Son otras de las perlas que, cuando a la niñez le salen pechos, aparecen en la pieza. Crecemos y lo que pasa con nuestro cuerpo deja de ser algo que nos pertenece para pasar a ser propiedad de la esfera pública. Entonces entramos a formar parte de una galería en la que lo mejor que te puede pasar es quedarte en un rincón y pasar desapercibida mientras devoras un helado de vainilla. Hace poco vi una película –Fat Girl-. Dos hermanas adolescentes competían por ver cuál de ellas perdía antes la virginidad. La más gorda, la menos deseada según los cánones de belleza establecidos, lo tenía tan complicado que deseaba ser violada. La primera en perderla es la hermana guapa, con un tipo que se aprovecha físicamente de ella. El problema de ser sexo frágil y débil es que nuestras clases extraescolares para no dañarnos suelen ser ir a danza o a comprar ropa, nada de kárate o yudo, por lo que tampoco podremos defendernos ante cualquier agresión. Y el daño al final llega, por el camino más doloroso.

Guapas, feas, gordas, flacas, pelirrojas… Todas nos hemos encontrado de frente con las garras del machismo. Y si somos tantas las que hemos sido agredidas, ¿por qué lo sufrimos en silencio como las hemorroides? Obviamente tenemos miedo al rechazo público, porque nos han enseñado a callar y a aguantar, y porque “las chicas son buenas”, como relata Ródenas en una de las cien frases.

“Te violó?”. Y “¿tú qué dijiste?, ¿qué llevabas puesto?”, sube el tono en el vídeo de Alicia, donde los mensajes cada vez se vuelven más y más violentos según pasan los años y los pechos envejecen. Recuerdo en más de una ocasión el famoso “si es que van provocando”, como si fuéramos un grupo extremista radical que va por ahí gritando que nos violen, que estamos desesperadas y que queremos perpetuar la especie a toda costa. Nos ponemos esas minifaldas para provocar escándalos y desmayos a nuestro paso, fulminamos con rayos láser que salen de nuestros pechos a cualquiera que se cruce en nuestro camino.

La idea del vídeo incide en los diferentes tipos de violencia que nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Y así finaliza: “La violencia de género no es solo física. La vivimos desde nuestra infancia y nos persigue hasta el final. Es ahora o nunca”. No sé si será ahora o nunca, pero desde luego ya vamos con retraso. 

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