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El sol de los gitanos

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Hoy sé que ciertos pueblos primitivos atribuyen cualidades mágicas a la abubilla, a la que consideran ave de buen augurio.

No sé si obsequiar con una flor a quienes compren un libro, o fomentar el intercambio de libros y rosas como hacen los catalanes, serviría de reclamo en este día tan señalado. Estoy convencido de que sí.

Los pueblos mediterráneos seguimos celebrando con devoción cada primavera el renacimiento cíclico de la vida, mediante rituales y manifestaciones populares de gran belleza plástica que hunden sus raíces en los tiempos paganos del mundo clásico. 

Excrementos, cacas o heces, la verdad era que aquel callejón del centro de Jerez por el que transitábamos de lo que estaba regado era de auténticas mierdas hediondas y desagradables.

Como los chistes de la tal Cassandra, curiosamente el primer artículo de opinión que yo publiqué también versó sobre el atentado terrorista que le costó la vida a Carrero Blanco.

Joaquín Terán presenta en esta ocasión una colección de paisajes en pequeño formato, realizados al óleo sobre papel, aunque también hay alguno sobre tabla. 

Gracias a Pablo Iglesias me he enterado esta semana pasada de que Televisión Española retransmite misas todos los domingos y fiestas de guardar.

Lo habitual es que para hacernos oír y conseguir notoriedad los españoles recurramos al gran deporte nacional, al que llevamos jugando por lo menos desde los tiempos de Viriato: el arte de meterle al otro el dedo en el ojo.

Tras el descubrimiento y la conquista de América, los españoles y portugueses no se conformaron con apropiarse de aquellas tierras y explotar sus riquezas para beneficio propio y de las respectivas metrópolis, sino que impusieron también su cultura y valores.

Reconozcamos las cosas grandes y buenas de España aunque solo sea por higiene mental, y como estímulo de cara a la construcción de nuestro futuro colectivo.

En la escuela de mi infancia, allá por los años 60 del siglo pasado existía un “cuadro de honor” colocado en un lugar preeminente del colegio.

No, no son los cazadores quienes maltratan a sus perros, sino los malvados —aunque alguno se dedique también a la caza— y los tontos, que son legión imparable y en crecimiento.

Después de muchos años de apatía, por fin los ciudadanos de Jerez hemos decidido ejercer de tales, salir del letargo secular en que andábamos sumidos y echarnos a la calle para tomar la iniciativa.

Cualquiera diría que a los españoles, con la llegada de Donald Trump al poder, nos ha dado tal ataque de amor hacia la lengua castellana.

La actual monarquía española, a pesar de sus errores y escándalos, nos ha proporcionado las décadas más prósperas y democráticas de toda nuestra Historia. 

Y es que las promesas de Año Nuevo son como las que un cura vasco que me dio clases en el bachillerato -ya ha llovido- llamaba “promesas jerezanas”, que son esas que se hacen también para no ser cumplidas, pero en cualquier época del año.

La noche de la víspera de Reyes, tras el paso de la cabalgata, había caramelos tirados por el suelo hasta en la puerta de los colegios.

Cuentan que a un conocido terrateniente jerezano le gustaba pasearse a caballo por su finca entre los jornaleros que sudaban la gota gorda afanados en la recogida de la remolacha azucarera, bajo un sol abrasador.

Durante todo un año viví sin luz eléctrica en una casita aislada en la sierra de Grazalema. Ha sido, sin duda, una de las experiencias más ricas e interesantes de toda mi vida.

Otras veces es una guerra la que pretende amargarnos el almuerzo, sin conseguirlo. A lo más nos saca un gesto torcido, o incluso de preocupación si no está demasiado lejos. No sea que nos salpique la sangre sobre el traje nuevo.