Publicidad
Publicidad

Pensaba en esto ayer por la tarde mientras recogía del suelo una montaña de flores caídas, para convencerme de que mi granado no estaba viviendo por encima de sus posibilidades.

No cabe duda de que las flores son las protagonistas del jardín andaluz en primavera, pero pienso mucho en la importancia del verdor de las hojas que quedan en segundo plano.

Ayer por la tarde, el centro de Jerez bullía y no era por el espectáculo de la Patrulla del Águila ni por el de la caravana motera.

Los árboles y jardines de Jerez sufren por la negligencia y el abandono por parte de los responsables municipales, tanto como por la violencia infligida por ciudadanos desaprensivos.

Después de dos jornadas de vendaval, la muerte y la corrupción se han extendido por todas partes en el jardín. 

Las flores son los órganos reproductores de las plantas. Eso lo hemos oído decir miles de veces.

Se trata de renovar las prácticas urbanísticas para hacer de la ciudad un territorio tan natural como civilizado.

Los pétalos de azahar de los naranjos amargos cubren cada primavera las calles de nuestra ciudad desde hace al menos 900 años.

No por casualidad “agua” es, después de “mamá” y “papá”, una de las primeras palabras que aprenden a articular los bebés. Así, tan elemental, es el agua.

La palabra cultura procede del verbo latino colere, que significa custodiar y preparar la tierra para la siembra de plantas y para la cría de animales.

Nuestros prejuicios y nuestra ignorancia nos impiden comprender que, a pesar de las apariencias, las plantas no son tan extrañas como pensamos.

Dice un viejo proverbio que un árbol caído hace más ruido que un bosque que brota.

Después de la tormenta de esta semana, los árboles, las personas, las aceras, los coches, toda la ciudad ha aparecido cubierta de polvo rojizo.

Los charcos urbanos son indicadores socioeconómicos.

La mayor parte de los descampados se han ido transformando con el tiempo. 

Hoy ya no nos choca que los nombres de los árboles sean masculinos, a pesar de tratarse de seres vivos capaces de engendrar frutos. 

Los científicos llaman “biomasa” a la cantidad total de materia viva presente en una comunidad o ecosistema.

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos ahora los rosales, cuando los signos de su letargo invernal son claramente visibles y los días se anticipan cada vez más luminosos.

Allí donde algunos ven degradación y ruina, otros ven oportunidad para la recuperación y el crecimiento.

Atribuir la propiedad de la inteligencia a los objetos habría sido impensable hace unos años, pero actualmente aceptamos esto con naturalidad.