Cuando no me robes, me reiré de las marquesas.

Uno tiene que tener miedo de arrepentirse, no de equivocarse. Equivocarse es vivir, pero arrepentirse es despreciar lo vivido. Y lo vivido, sólo por serlo, es valioso.

Nos arrepentimos de muchas cosas, le damos una cantidad inusual de vueltas a la cabeza y parece que no hay detalle que no nos haga llorar.

O no pares de llevar y traer bandejas llenas de mesa en mesa aunque tu vientre se esté desangrando y lo estés sufriendo sin anestesia. ¿Y esa cara pálida y desencajada? Pero sonríe, mujer… 

Me asusté muchísimo, más de lo que me he asustado en toda mi vida. Al levantarme del sillón donde estaba jugando, me vi literalmente empapada en sangre.

Según parece, si digo que no soy feminista, paso automáticamente a ser machista, y si algo tengo claro es que machista seguro que no soy.

En el fondo no me sorprende. Aunque la lógica beba de una corriente llena de sadismo, es tan fácil de seguir y apreciar que ruboriza. 

Descubrir de golpe que la señora que desde pequeña me había resultado curiosa en realidad estaba secuestrada en su propia casa me encogió el corazón.

Este domingo se celebra el Día de Andalucía.

Atípico carnaval en el que la sátira y la incorrección política se encuentran en un desolador paraje sin rastro de tolerancia e inteligencia alguna. Sea o no sea esta obra de títeres una mamarrachez, nunca será tan grave como para que la cárcel tenga cabida en este asunto.