"De joven no votaba, pero ya veo que es la única forma de protestar"

"De joven no votaba, pero ya veo que es la única forma de protestar"

Juan Manuel Chacón es un jerezano que, tras vivir dos años y medio en Suiza, se encuentra sin poder votar para las municipales.

Está empadronado en la ciudad desde febrero y el plazo acababa el 31 de diciembre, pero pudo votar para las andaluzas.

“Estoy harto de que me cojan por el cuello y me hundan la cabeza, ¿esto lo sabe el emigrante que está fuera?”, se pregunta.

22-05-2015 / 18:06 h.

Juan Manuel no podrá votar el domingo. Tras vivir dos años y medio en Suiza, a principios de este 2015 volvió a su Jerez natal. Reza en el padrón desde febrero y pudo ejercer su derecho al voto en las elecciones andaluzas –que se celebraron mes y medio después– solicitando el voto por correo, pero hace una semana recibió una notificación: “Su inscripción en el censo electoral como residente en el extranjero está fuera del ámbito de las elecciones”, ponía en la misiva enviada por la Delegación provincial de Cádiz. Es la Ley, pero no la entiende. “¿Cómo me pueden pedir que esté empadronado cinco meses antes de las elecciones? Eso son 180 días, en 180 días pueden pasar muchas cosas”, dice Juan Manuel Chacón, un joven jerezano de 35 años cuya vida laboral se ha desarrollado principalmente fuera de la ciudad.

Asegura que está “totalmente indignado” por no poder votar el domingo. “De joven no votaba, no me preocupaba por eso, pero ya me he dado cuenta de que es la única forma que tenemos de protestar. Si no votas, no te quejes”, dice tajante. “Estoy harto de que me cojan por el cuello y me hundan la cabeza, ¿qué facilidad me están dando para que pueda votar? Ninguna. ¿Esto lo sabe el emigrante que está fuera?”, se pregunta mientras relata su historia. Con 18 años recién cumplidos salió de su casa. ¿El destino? Mallorca. Con 30.000 pesetas en el bolsillo y una maleta con la ropa justa para unos días se presentó en la isla. “Llegué a la una y media de la mañana y me acordé de un conocido que vivía a un pueblo a 80 kilómetros del aeropuerto, así que cogí un taxi, que me cobró 10.000 pesetas y me quedé con 20.000. Por eso tengo un lema que es: Yo con un paquete de caramelos vivo un mes”. Los primeros días andaba 30 kilómetros diarios buscando un empleo.

“El primer trabajo que me dan es arar un campo con una mulita y sin asegurar. Ya quería estar asegurado, estaba harto de trabajar así en Jerez”, relata. Luego encontró trabajo en un hotel por recomendación de un amigo. Pero no tenía dinero para pagarse su alojamiento. “Vivía donde guardaban los hules, los manteles, las servilletas… Mi ropero eran unas cajas y me hice un sofá con dos somieres. Una vez estuve una semana y media rascándome porque la bañera la usaban para mezclar la pintura de la reforma del hotel y estaba todo impregnado de ácido. No pagaba, pero no tenía intimidad. Encima llegamos a vivir ahí tres personas, me metieron a mí y yo metí a dos chavales más”. En el hotel trabajaba más de 11 horas diarias, 13 en temporada alta, y llegaba a acumular rachas de un mes y medio sin descansar. “Allí estuvo un ex policía de la Artxaintxa y no aguantó, estuvo dos semanas”, dice entre risas.


Pablo Uriel
Juan Manuel, días atrás, en el Arenal.

En Mallorca, donde estuvo cuatro años, adelgazó más de 12 kilos. “Tuve una racha en la que comía todos los días un kilo de mortadela con aceitunas. Lo más barato, 499 pesetas el kilo, también se me va a olvidar… De hecho ahora ya no lo como, no la puedo ni oler”. “Dime tú qué hago con 20.000 pesetas al mes en Mallorca, cuando costaba una habitación 45.000 pesetas”, recuerda. Luego llegó Suiza. Allí también se fue a la aventura.  “Me fui con el coche lleno de macarrones y con caldo de pollo, con otro amigo y 1.000 euros para los dos”, cuenta, pero tuvo suerte y a la semana de estar allí encontró trabajo. Los primeros tres meses y medio estuvo viviendo con un amigo en un piso con otras diez personas. “Necesitaba el permiso de trabajo para poder alquilar algo, pero me tardaba más de la cuenta”, dice Juan Manuel, que asegura que vivir tanto tiempo fuera de Jerez le ha “abierto la mente”. “Allí levantan siete veces la acera para tener a la gente trabajando, no para que uno se lleve comisiones”, dice. “Les conviene más tener a la gente trabajando antes que en la calle robando”.

Tras su experiencia en el país transalpino asegura que en Andalucía “hay un nivel profesional más alto”. “Algunos españoles me decían que se trabaja mucho en Suiza, pero a mí me entraba ansiedad por trabajar poco”. Tras salir de la empresa en la que estaba trabajando como encofrador intentó buscar otros empleos. “Iba a los polígonos, a panaderías y a otro tipo de negocios, pero sin experiencia y sin un buen dominio del idioma es muy difícil”, dice. Por eso estuvo los últimos meses de su estancia en Suiza sin empleo antes de volver a Jerez. Aunque asegura que cogerá las maletas en breve, otra vez para Mallorca. “Tengo 35 años y nueve años y medio cotizados en España, te comen las moscas como hayas nacido aquí. Si en Jerez no había trabajo ni cuando iba España bien... No tanto como ahora pero siempre ha habido paro excesivo”, se queja.

 
 
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