Andalucía la folclórica, Andalucía la olvidada

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Andalucía la folclórica, Andalucía la olvidada

27-02-2017 / 08:35 h.
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Llega el 28 de febrero y un año más se repiten esos "rituales de autonomía" en las escuelas: izar la bandera verde y blanca, tomar pan con aceite, y tocar el himno de Andalucía con la flauta. Tradiciones que aunque nostálgicas y simbólicas serían más trascendentales si traspasaran la barrera de lo meramente folclórico. Es decir, que este ritual, convertido ya en tradición para varias generaciones de andaluces, no quede ahí.

Desconocemos, por ejemplo, cuántos escolares andaluces conocen en detalle la historia de la autonomía andaluza pero sí que sabemos que prácticamente no se toca en los centros educativos. Dar a conocer cómo fue asesinado Blas Infante, el padre de la patria andaluza o cómo, a modo de mártir popular, también lo fue García Caparrós cuatro décadas después en aquella Transición que mucho dista del relato rosa que vende la historia oficialista es un atrevimiento. ¿Qué le pasa a nuestra democracia y a nuestra autonomía?, convendría preguntarnos. ¿No debería ser imprescindible que todos los andaluces conocieran que tenemos autonomía porque la peleamos y no porque nos la regalaron? ¿Por qué se celebra el 28 de febrero, representación de un plebiscito engañosamente preparado, y sin embargo se ignora el 4 de diciembre, que no llena las páginas de los libros de texto pese a haber llenado con nuestro pueblo las calles de nuestra tierra? Y qué si hablamos de la realidad de Andalucía... la de ayer y la de hoy. Las similitudes de aquella "visión sombría del jornalero" de Infante con los rostros de cientos de miles de familias andaluzas de nuestra época, desesperadas por encontrar un trabajo.

Pero silencio, compañero. En los patios de nuestros colegios se escucha "¡Viva Andalucía Libre!". En un rincón perdido de Cádiz se suceden las coplillas de alguna agrupación carnavalesca que canta llorando con nuestro acento sin ser portada del telediario. Y entre tanto, se pierde el lamento de un emigrado que tuvo que dejar su tierra sin quererlo. ¿Dónde está, me pregunto, una vez más, Andalucía la olvidada?

 
 
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